Un beisbolista fenomenal Dominicano rechaza una propuesta de trabajo por $700,000 para servir una misión

Por Jason Wright

Fenomenal beisbolista de Republica Dominicana rechaza 700k para servir una misión

Marcelino Leonardo recuerda el primer pasaje de escritura que memorizó. Como niño pobre de ocho años ambulando las calles asoleadas de la Republica Dominicana, Marcelino fue uno de esos niños que amaba la primaria tanto como amaba jugar béisbol.

Fue durante esos primeros años en la iglesia que se leyó 1 Nefi 3:7.

“Y sucedió que yo, Nefi, dije a mi padre: Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado.”

Más de 10 años después, este versículo sigiue siendo su favorito. Pero para el joven que en la actualidad sirve como misionero para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la misión Baltimore, Maryland, es más que un pasaje para repetir. Es una manera de vivir y una promesa celestial que le guía día tras día y de decisión en decisión – aun en las decisiones mas costosas.

Como era adolecente y vivía en la Republica Dominicana, Leonardo, un joven muy energético, desarrollóo una pasión y una rara capacidad para jugar béisbol. Cuando sus amigos regresaban a casa para escapar del sol o de la lluvia, Leonardo continuaba entrenando y haciendo ejercicios.

Mientras rumores brotaban en torno a sus formidables talentos, la visión que mantenía Leonardo de una misión empezó a cambiar. Una vez que se comprometió a servir una misión ya no importó lo que viniera, el joven atleta se dio cuenta que podía ser misionero en cualquier circunstancia.

“Me di cuenta que uno puede ser misionero sin tener que tener una placa con su nombre,” me dijo Leonardo en una reciente entrevista. “¿En realidad, qué significa ser misionero? Es compartir lo que uno sabe. Es compartir su testimonio de la restauración. Es compartir con todo el mundo que Cristo es su Salvador.”

Leonardo agregó que el momento en que compartimos nuestra fe con un amigo, pariente, o desconocido, de inmediato nos convertimos en misioneros. “Np No es necesario tener una placa con su nombre porque esas son dos cosas distintas. Podemos ser misioneros y podemos servir una misión. No son lo mismo.”

Mientras consideraba si esque serviría una misión formal, Leonardo empezó un régimen diario de oración ferviente y de estudio diligente de las escrituras. Sin darse cuenta en ese momento, esa decisión se estaba tomando por si sola.

En julio de 2016, con la ayuda de Brett Freeman, un Estadounidense originario del Estado de Utah, Leonardo se mudó para Provo (Utah, EE.UU). Llevó consigo un sueño de jugar béisbol en la universidad de Brigham Young, su pasión por la obra misional, y todas sus posesiones terrenales.

Con no más de unos centavos en su bolsillo, se matriculó en un programa para aprender inglés y, a su debido tiempo, a pasar la infame prueba del TOEFL (Test Of English as a Foreign Language). Tenía que reunir ese requisito de la universidad antes de matricularse, asegurar una beca, y jugar béisbol.

Cuando no estaba estudiando, estaba entrenando, conociendo nuevos amigos, y estirando cada peso como si fuera fabricante de caramelo artesanal. Compartía su fe y se mantenía fiel al evangelio.

Un día Ernso Pierre, un buen amigo y gurú de béisbol en Salt Lake City (Utah, EE. UU) le dijo a Leonardo que se subiera al tren y que se reuniera con él en el centro de la ciudad. Pierre conocía a un cazatalentos de béisbol quien quería conocer al joven estrella.

Después de la típica plática inicial, el cazatalentos deslizó una gruesa pila de papeles sobre la mesa y le ofreció la oportunidad de unirse a un equipo de Grandes Ligas de Béisbol y recibir un salario de $700,000 dólares.

La respuesta más fácil hubiera sido decir, “¡Sí! “¿Tiene bolígrafo para poder firmar?”

Pero en vez de eso, otra respuesta se agitó dentro de si. La decisión no llegó de un solo, o de un evento espiritual en particular. Se había alimentado a través de los años, línea por línea, precepto por precepto.

Momentos despues, Pierre se giró hacia él y le hizo una pregunta que cambió la historia de Leonardo para siempre. “¿Marcelino, quiere jugar béisbol, o quiere servir una misión?”

Más rápido que un veloz infielder medio pueda convertir un doble play, Leonardo le dio la respuesta que tardó años en formarse: “Primero la misión, después la universidad, y después béisbol.”

Igual de rápido que la respuesta de Leonardo, el cazatalentos retractó el contrato a su lado de la mesa y le agregó más dinero del que Leonardo jamás había imaginado.

Pero ni el cazatalentos ni su amigo quedaron decepcionados. Ambos caballeros expresaron su apollo y elogiaron su deseo de servirle al Señor y recibir una educación. “Yo sabía que debía ir.” Me dijo Leonardo. “El Señor cumple sus promesas cuando lo ponemos a Él primero. Y yo sabía que Él me estaba llamando. Me puse a pensar, ¿Cuántos de Sus hijos van a ser bendecidos si yo salgo a la misión? ¡Ante todo, yo!”

Unos pocos meses después, Leonardo acepto un llamada a servir en Baltimore.

“Exactamente como mi pasaje favorito, eso me llena el corazón con gozo, energía y ánimo acerca de lo que yo debo hacer acá” dijo él.

Y si una carrera de béisbol profesional no es lo que El Señor le tiene preparado al regresar, Leonardo no se arrepentirá.

Al final de nuestra entrevista, su compañero, Justin Barlow de San Jose, California (EE.UU) ofreció este testimonio personal: “Elder Leonardo es un tremendo misionero. Es perfectamente obediente y tan caritativo y ama esta obra sobre todas las cosas. Para él es la obra misional y el béisbol, siempre en ese orden.”

Para todos que están tratando de elegir entre ser misionero y servir una misión formal, Leonardo recomienda leer y confiar en 1 Nefi 3:7 – ese versículo bien conocido que sigue guiando su vida.

“Mi decisión fue la correcta para mí, pero sé que cada historia es diferente,” dijo él. “Y realmente no tiene nada que ver con el dinero o el béisbol – se trata de que todos sirvamos al Señor. Yo pude haber continuado siendo misionero, compartiendo mi fe sin llevar una placa, pero yo sabía lo que El Señor quería y sabía que Dios lo haría posible de alguna manera.”

Ir, hacer, y confiar en que El Señor prepare una vía para nuestro éxito.

Funcionó para Nefi.

Funciono para Marcelino Leonardo.

Tal vez funcionará para cada uno de nosotros también.

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